Unas 3 horas y media después llegamos a Hoi An (Hội An). Nos bajamos del bus en un parque y según cogemos las maletas, empieza a caer el diluvio universal. En lo que corrimos en busca de un techo acabamos totalmente calados hasta los gayumbos. Que manera de caer agua. Cuando paró de llover unos 5 minutos después, nos cogimos un taxi y nos fuimos al hotel.
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El hotel que elegimos se llama Hoi An Silk Luxury Hotel & Spa. Un 4 estrellas que nos costó la friolera de 28.70€ la noche, con desayuno.
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Dejamos las cosas y nos fuimos a una agencia sinh tourist cercana a contratar para el día siguiente una excursión a las ruinas de Mỹ Sơn. Por 199.000VND (7.80€) contratamos la excursión con la ida en bus y la vuelta en barca por el río Thu Bồn. Si quieres ir y volver en bus, el precio es de 149.000VND (5.90€).
De aquí nos fuimos a dar un paseo por el casco antiguo de Hội An que es una preciosidad.
Uno de los puntos fuertes de la economía local es la confección de vestidos en 24 horas. Le llevas una foto de cualquier vestido de marca de esas supercaras y en 24 horas tienes una copia exacta. Y muy barata.
Parece ser que de calidad aceptable. Eso se nota porque hay como mil tiendas de confección por metro cuadrado en la ciudad.
La verdad es que la ciudad tiene muchísimo encanto sobre todo con la iluminación de miles de farolillos de colores.
Puente japonés (Chùa Cầu).
Paseando por el centro nos acercamos a un restaurante que nos habían recomendado para cenar algo antes de ir a descansar. El sitio se llama Blue Dragon y por 130.000VND (5€) tienen un menú con 5 platillos y postre que estaban muy ricos.
Después de cenar nos fuimos dando un paseo al hotel a descansar que había que madrugar mucho.
20 de julio
Nos despertamos muy temprano y nos ponemos hasta arriba de desayunar, que será una larga y sudorosa mañana. Noa vamos a visitar las ruinas de Mỹ Sơn.
Sobre las 8 nos recoge el bus de la excursión en la puerta del hotel.
El guía del que no recuerdo el nombre pero al que apodamos Miami Vice porque parecía un personaje sacado de la mítica serie de los 80. La verdad es que tenía un aspecto y una manera de hablar de chulo de agárrate y no te menees, pero realmente era un cachondo y te partías con el.
Puedes contratar el tour a las ruinas de Mỹ Sơn con entrada incluida con Civitatis:
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Durante la aproximadamente hora y media que duraba el trayecto, nos contó un poco sobre la historia de las ruinas, nos dio variadas instrucciones y recaudó el dinero de las entradas al recinto, que por cierto el precio era de 150.000VND (5.90€).
El santuario es un conjunto de templos hindúes abandonados y parcialmente en ruinas, construidos entre el siglo IV y el XIV por los reyes champa. Los templos están dedicados a la veneración del dios Shiva.
Los templos están datados del período entre el siglo IV y el XIV pero por algunas inscripciones se cree pudieran haber construcciones más antiguas.
Con la caída de los Champa el complejo cayó en desuso y en el olvido hasta que en 1898 fue redescubierto por los franceses.
Una de las curiosidades que nos explicó Miami Vice es que, si nos fijamos, a todas las esculturas les faltan las cabezas. Resulta que se conservan todas muy bien en el museo del Louvre en París. Arriba el expolio.
Las ruinas fueron inscritas como patrimonio de la humanidad por la UNESCO en 1999.
Dicen que es la hermana pequeña de los templos de Angkor Wat en Camboya. La verdad que es realmente impresionante y está enclavado en un entorno selvático espectacular.
Lo malo era el calor. Mientras estabas metido en la selva, la humedad era agobiante pero cuando salías a una explanada, el sol te torraba de una manera…
Durante la guerra de Vietnam, las ruinas fueron un cuartel general del viet cong. En 1969 los americanos bombardearon toda la zona reduciendo a ruinas muchos de los edificios restaurados. Miami Vice nos contaba que su padre estuvo allí como combatiente pero se salvó porque viéndolas venir, se piró montaña arriba.
Aún se pueden observar numerosos cráteres producidos por las bombas. También se recomienda no salirse de los caminos marcado ya que la zona sigue en parte minada y puedes saltar por los aires.
Fue una visita impresionante y yo creo que imprescindible en Vietnam. Mereció la pena el madrugón y el calor pasado.
A las 12.45 salía nuestro bus de vuelta. Como a mitad de camino, los que habíamos cogido la vuelta en barco, nos bajamos del bus y nos llevaron a un embarcadero. Allí cogimos una lancha que nos llevó río abajo hasta el casco antiguo de Hội An.
Durante el camino nos dieron un pequeño ágape basado en un plato de arroz con verduras que estaba bastante bueno.
Ya en la ciudad, compramos un pase que vale para entrar a 5 monumentos diferentes por 120.000VND (4.70€).
El primer sitio al que entramos fue al Puente Cubierto Japonés (Chùa Cầu). Fue construido en el año 1593 por la comunidad de comerciantes japoneses de Hội An para unir su barrio comercial con el barrio comercial chino.
En su interior se encuentra un pequeño templo budista donde se pueden comprar algunos recuerdos y postales. En mi opinión, no merece la pena entrar ya que lo impresionante del puente es su fachada exterior pero, repito, es mi humilde opinión.
De aquí nos acercamos al cercano Salón de la Asamblea Cantonesa (Hội Quán Quảng Đông). Construida en 1885 por la comunidad china para convertirlo en un lugar de culto y para realizar actividades comunitarias, de negocios y otras necesidades de la vida diaria.
Las fuentes con esculturas de dragones en los patios son espectaculares, sobre todo la del segundo patio, el más grande.
El recinto estaba lleno de gente pero, curiosamente, el segundo patio estaba vacío. Así que nos sentamos a descansar en sus jardines y se estaba muy tranquilo.
Aprovechamos que había baño y cayó un cambio de camiseta que la otra no aguantaba más “agua”.
El descanso fue corto que había que apurar el tiempo. Salimos y nos encaminamos al Salón de Asambleas de Fujian (Hội quán Phúc Kiến). Es famoso por su magnífica y majestuosa belleza en un gran espacio, su arquitectura china única y su carácter sagrado.
Construido en 1757 el Salón de Asambleas de Fujian es un lugar de culto Thien Hau Thanh Mau y los dioses de la protección del río, el dinero, los niños, los antepasados y un lugar de encuentro para los compatriotas y ayuda a unir a la gente de Fujian.
La decoración de la puerta es una auténtica maravilla. Al cruzarla damos a un patio con muchas plantas. Al otro lado se encuentra la entrada a los pabellones de la asamblea.
Nada más entrar, nos encontramos con la sala de reuniones. Del techo cuelga unos inciensos gigantescos en forma de conos que dejan los visitantes a modo de ofrendas, ya que este es un espacio sagrado.
En su interior cuelgan etiquetas de papel con los datos de las personas que realizan la ofrenda. Estos inciensos arden durante aproximadamente un mes. Pasado ese tiempo, los monjes quemaran el papel.
Al fondo se encuentra el altar dedicado a Bodhisattva Quan Am y la a Diosa del Mar “Thien Hau Thanh Mau”.
Como ya se había hecho tarde (todo cierra a las 17.00) nos fuimos dando un paseo a descansar al hotel. Una ducha y un ratito de relax en la piscina.
Ya por la noche, descansados, salimos a dar un paseo por las encantadoras calles de casco antiguo empapándonos del ambiente tan animado que había.
Una vez al mes se realiza el festival de las linternas, en el que sueltan miles de linternas de papel al río y que se llevan la corriente. Pero ya las puedes ver en menor medida todas las noches ya que los locales las venden a los turistas. La verdad es que crea un ambiente muy chulo.
A través de tripadvisor localizamos un restaurante con buena pinta. Se llama Nữ Eatery. Está bastante escondido pero la comida estaba buenísima. Además hacen una limonada exquisita y muy refrescante.
Después de cenar vuelta al hotel a descansar que había que madrugar para aprovechar la última mañana en Hội An.
21 de julio
Después de desayunar, nos vamos paseando camino del centro.
Llegamos paseando a la antigua casa de la familia Tan (Ky Nhà Cổ Tấn Ký). Construida hace más de 200 años como hogar de la familia de comerciantes Tan Ky. La casa antigua Tan Ky es una combinación de estilos arquitectónicos japoneses, chinos y vietnamitas.
Para mi gusto un pelín recargada pero la verdad es que es impresionante. Antes de salir nos pillaron por banda y nos convencieron para comprar unos amuletos de la suerte.
Nos acercamos a curiosear por el mercado local. Allí compramos una cafetera vietnamita para hacer café cagao que íbamos a comprar en Hanoi para traernos a España.
Luego fuimos a la oficina de correos para echar un par de postales más.
La oficina de correos es un edificio también realmente bonito y muy cuidado. Lo curioso es que los sellos aquí nos costaron más baratos que en Huế. Cosas de la vida las de Hội An llegaron antes.
Seguimos paseando por la espectacular y encantadora Hội An hasta que llegaba el momento de partir hacia el aeropuerto de Đà Nẵng.
Puedo afirmar que hasta hoy, es la ciudad más encantadora que he visitado.
Para llegar al aeropuerto contratamos un transfer. Tardó como unos 40 minutos en llegar al aeropuerto.
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El aeropuerto de Đà Nẵng es el principal del centro del país, así que es muy grande y con mucha gente. Nos fuimos a los mostradores y facturamos. Curiosamente nos volvió a tocar salidas de emergencia. Yo creo que nos vieron tan grandes en comparación con los vietnamitas y se enrollaron.
Antes de subir al avión comimos algo en un sitio de comida rápida y a las 13.40 despegábamos rumbo a Hanoi. La tremendamente bulliciosa capital del país.
Encuentra multitud de actividades que hacer en Hội An con Civitatis:
Toca viajar al centro del país para visitar la ciudad de Hue, que fue capital de Vietnam hasta 1945.
15 de julio
A las 19.25 despegamos del aeropuerto de Ciudad Ho Chi Minh. Después de una hora y cuarto aterrizamos en el diminuto aeropuerto Phú Bài de Huế.
Antes de salir de la terminal hay un puestecillo donde compramos el billete de bus a la ciudad. El billete cuesta 70.000VND (2.57€).
Después de una media hora nos bajamos en nuestra parada cerca de la plaza Bùng binh Hùng Vương. Encontrar el hotel sin wifi fue bastante complicado pero al fin dimos con él.
Por eso recomendamos contratar un servicio de traslado por muy poco dinero que te deje en la puerta del hotel, nos hubiéramos ahorrado mucho tiempo de dar vueltas.
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Nos alojamos en el Alba spa hotel. Un hotel de 4 estrellas de nueva construcción que nos costó 27.47€ (32$) la noche con desayuno y spa incluido.
Como se había hecho muy tarde tuvimos que irnos para cenar a la zona de fiesta de la ciudad que, por suerte estaba cerca. Nos cenamos unos Nem y unas hamburguesas muy ricas en un sitio llamado Cộng Cà Phê.
Después de cenar nos fuimos a la cama para poder madrugar al día siguiente.
16 de julio
Nos levantamos temprano y… ¡sorpresa! Llueve. Pero bueno, no es torrencial.
Desayunamos y nos vamos a la calle. En el hotel nos prestan unos paraguas bien grandes y nos aubismo a un taxi en vez de andar hasta la Ciudadela de Huế (Kinh thành Huế). Aproximadamente 1€ nos cuesta la carrera.
La ciudadela es gigantesca y hay que reservar al menos toda la mañana.
Construida a partir de 1804, fue la sede del poder hasta 1880, en el que Vietnam pasó a ser protectorado francés. Fue un edificio simbólico hasta que la dinastía Nguyễn fue derrocada en 1945 con la Declaración de Independencia de la República Democrática de Vietnam.
Entramos cruzando la puerta Cửa Ngăn y nada más pasar la puerta del bastión, tenemos las oficinas donde podemos comprar las entradas.
El precio es de 150.000VND (6€) y puedes pasear por todo el recinto.
Una vez tenemos nuestra entrada nos dirigimos a la Cửa Ngọ Môn o puerta del mediodía, la puerta de entrada. Justo delante hay una gran explanada en donde se encuentra la Torre de la Bandera (Cột Cờ) de 37 metros de altura.
Torre de la Bandera (Cột Cờ).
Como se aprecia, seguía lloviendo y no había dado tregua durante un solo segundo.
Atravesamos la puerta Cửa Ngọ Môn o puerta del mediodía. Construido en 1833 en el estilo tradicional vietnamita Nguyen bajo el gobierno del emperador Minh Mạng. Fue utilizado por el soberano como un punto de observación para los movimientos de tropas y ceremonias.
Allí entregamos las entradas en una de las puertas adyacentes a la principal, ya que ésta, estaba reservada únicamente para el emperador.
Al pasar la puerta damos a un pasillo flanqueado por dos estanques con nenúfares. Más allá llegamos al primer edificio: el Palacio Điện Thái Hòa o palacio de la suprema armonía.
Fue construido en el año 1805 por el Emperador Gia Long. Ha sido el escenario de coronaciones, cumpleaños reales, recepciones de embajadores y otros actos solemnes. Allí se encuentra el trono de los emperadores de la dinastía Nguyen.
El interior es realmente espectacular pero está prohibido sacar fotos. Antes de salir hay maquetas y vídeos explicativos sobre la historia de la ciudadela y su restauración.
Salimos del palacio y nos vamos por uno de los pasillos laterales (a la izquierda) hasta llegar al Templo Hưng Miếu. Ya la puerta es realmente espectacular llamada Puerta de la Felicidad Eterna (Cửa Thọ Chỉ).
Puerta de la Felicidad Eterna (Cửa Thọ Chỉ).
El templo fue construido en 1821 por orden del emperador Minh Mang para honrar la memoria de sus antepasados.
El interior también es bastante espectacular pero tampoco se puede sacar fotos.
Justo enfrente se encuentra el Pabellón Hien Lam (Hiển Lâm Các).
Construido también por el emperador Minh Mang entre 1821 y 1822. Se considera un monumento conmemorativo para recordar los méritos de los reyes Nguyen y los grandes cortesanos de la dinastía.
Es un pórtico en forma de pirámide de tres plantas.
Ante la puerta en el patio se encuentran las 9 Urnas Dinásticas. Son 9 urnas fabricadas en bronce decoradas con motivos florales y símbolos tradicionales vietnamitas. Representan a los 9 Emperadores de Vietnam y antiguamente jugaban un papel importante en las múltiples ceremonias de culto a los antepasados.
Entre 1835 y 1837 fueron retirados los restos de su interior.
Pabellón Hien Lam (Hiển Lâm Các).
Seguimos por el corredor en la dirección de las agujas del reloj.
Después de varios minutos andando bajo la lluvia que seguía sin dar un solo minuto de pausa, llegamos a la Residencia Dien Tho (Cung Diên Thọ o Residencia de la Longevidad Duradera).
Construído en 1804 para ser la residencia de la emperatriz Hieu Khang, la madre del emperador Gia Long. Después siguió siendo la residencia oficial de las viudas de los emperadores siguientes.
Tras la caída de la dinastía Nguyen en 1945, fue de los pocos edificios que siguieron intactos.
Dentro del recinto hay un estanque en el que se encuentra un pequeño pabellón que han adaptado como cafetería. Allí nos tomamos unos refrescos fresquitos mientras seguía lloviendo.
Junto a Cung Diên Thọ sale un largo corredor techado que va a dar al centro de la ciudadela. Seguía lloviendo.
Muy cerca se encuentra Teatro Real (Nhà hát Duyệt Thị Đường). Construido en el año 1826 destinado a la representación de la familia imperial y a sus allegados.
Por fuera tiene el mismo estilo que el resto de construcciones de la ciudad imperial. Por dentro es espectacular, pequeñito pero plagado de motivos dorados. Es digno de ver.
Seguimos la ruta y llegamos al los Jardines Vườn Cơ Hạ. Fue construido en 1837, bajo el reinado del rey Minh Mang, y fue mejorado, complementado y restaurado muchas veces bajo los reyes Thieu Tri y Tu Duc.
Aunque solo se conserva una parte, es espectacular sobre todo el estanque central plagado de lotos, que estaban florecidos cuando nosotros los visitamos.
Seguimos paseando bajo la lluvia por el espectacular entorno hasta llegar de nuevo a los pasillos centrales. Aquí acabamos la visita a la increíble ciudadela de Huế.
Como se nos hacía tarde, tomamos un taxi hasta la Pagoda Thiên Mụ o pagoda de la Dama Celestial (Chùa Thiên Mụ).
Construida en 1601 por orden de los primeros señores de la dinastía Nguyễn, Nguyễn Hoàng, quien en ese momento era el gobernador de Thuận Hóa (ahora conocido como Huế).
Fue sufriendo varias remodelaciones a lo largo de los siglos. Hasta que el emperador Thiệu Trị, quien sucedió a Minh Mạng, erigió la Torre Từ Nhân en 1844. Con 7 plantas y 21 metros de altura, es la joya de la corona de la pagoda.
En uno de los pabellones podemos encontrar el Austin azul que llevó al monje Thích Quảng Đức hasta Saigón. Allí se prendió fuego como protesta en 1963.
A muchos le sonará porque es la imagen de portada del primer disco de los Rage Against the Machine (discazo por cierto).
En la puerta de la pagoda, a la llegada y a la salida, te asaltan legiones de personas ofreciéndote llevarte hasta la ciudad en barca a lo largo del río perfume, pero la verdad es que, entre la lluvia y que cuesta 4 veces más que un taxi, pasamos.
En la puerta había un taxi (de las empresas fiables) con un conductor que estaba durmiendo la siesta. Le despertamos y nos llevó sin problemas hasta la ciudad.
Ya se había hecho un poco tarde pero había que comer. Nos fuimos directamente a un sitio que me habían recomendado que, además de restaurante es agencia de viajes. Se llama Mandarin Cafe.
Allí comimos bien y barato y ya que estábamos, contratamos un coche con conductor para visitar las tumbas imperiales al día siguiente por 30 dólares.
El dueño, Mr. Cu era muy agradable. Nos regaló varias postales que él mismo hacía con fotos suyas.
Después de comer seguimos dando un paseo bajo la lluvia y nos fuimos a descansar un poco al hotel. En recepción nos dijeron que llovía tanto porque había un tifón en el norte del país y nos estaba pillando la cola. Es que no paró ni un solo segundo en todo el día.
Como el almuerzo había sido muy ligero, decidimos cenar temprano. Fuimos a un sitio que también nos habían recomendado llamado Quán Bánh Khoái Hạnh que estaba muy cerca del hotel.
Nos pusimos hasta arriba de comer y nos salió muy, muy barato.
Después de cenar, como seguía lloviendo, nos fuimos a disfrutar del Spa del hotel con unas piscinas exteriores (techadas) en las que se estaba realmente a gusto.
17 de julio
Nos levantamos temprano y nos vamos hacia el Mandarin Cafe en donde habíamos quedado a las 9. Nos viene a buscar un coche nuevecito y con aire acondicionado. Por fin había dejado de llover.
Nos dirijimos primero a la Tumba Imperial del Emperador Minh Mang, a unos 12 kilómetros de Huế en el monte Cam Ke. La entrada son 100.000VND (4€) y es válida para 4 tumbas imperiales. Se paga aparte del coche.
Fue construida entre 1840 y 1843 por Thieu Tri, hijo y sucesor de Minh Mang, aunque fue diseñada por este último.
Nada más entrar llegamos al patio central, decorado con estatuas de soldados mandarines, caballos y elefantes.
Aquí podemos encontrar también el pabellón de las estelas. Conocido así porque en su interior se encuentra con la biografía del emperador Minh Mang escrita por su hijo Thieu Tri.
Cruzando el pabellón de las estelas, salimos a un gran patio en el que se encuentra al fondo la puerta de entrada al pabellón principal del complejo.
Cruzamos el pabellón y salimos al lago de la luna nueva. Un lago precioso lleno de lotos y al fondo, la tumba imperial.
Salimos del recinto y allí estaba el coche esperándonos con el aire acondicionado puesto. Después del día de lluvia, el calor y la humedad eran brutales.
Desde aquí nos dirigimos a la tumba imperial de Khải Định a unos 10 minutos de la anterior.
Nada más bajarnos del coche, las escaleras de entrada nos avisaba de la espectacularidad del recinto.
Construida entre 1920 y 1931, ha sido declarada como la tumba imperial más majestuosa de Vietnam.
En extensión es la más pequeña de todas las tumbas imperiales pero la más elaborada en cuestión de detalles y decoración.
Subiendo las primeras escaleras y pasando la puerta llegamos a un patio donde se encuentra la taquilla y una tienda de recuerdos. Desde aquí parten otras escaleras con unas barandillas en forma de dragones que son espectaculares.
Subiendo estas escaleras damos al patio de ceremonias. Allí se encuentran varias estatuas en piedra en los extremos y en el centro se encuentra el pabellón de la estela. Contiene una estela grabada en piedra sobre la vida y reinado del emperador.
Subimos más escaleras con un calor infernal y llegamos a la tumba del emperador, el palacio Thien Dinh.
El edificio por fuera es bastante espectacular, con millones de detalles grabados en la piedra de la fachada, pero cuando entramos… brutal.
El interior es realmente espectacular con unos ornamentos en colores vivos tanto en las paredes como en el sarcófago que son una pasada. También podemos encontrar una estatua de bronce a tamaño real del emperador.
La verdad es que la belleza del edificio nos dejó sin palabras.
Salimos del mausoleo y desde lo alto podemos observar el impresionante paisaje que rodea el recinto de la tumba imperial.
Salimos del recinto, y ahí estaba una vez más, nuestro conductor con el aire acondicionado puesto.
Ahora nos dirigimos a la última tumba imperial de la excursión, la Tumba del Emperador Tự Đức. Se encuentra a unos 15 minutos de la tumba anterior.
Diseñada por el mismísimo emperador Tự Đức, fue construida entre 1864 y 1867.
Tiene una extensión de 12 hectáreas y alrededor de 50 construcciones en su interior. Está considerada como la tumba más bonita de todas y se fusiona perfectamente con la naturaleza que la rodea.
Una vez terminada su construcción, el emperador Tự Đức la utilizó como palacio de verano y lugar de retiro.
Entramos directamente en la zona de palacios, a la derecha tenemos lago Luu Khiem con muchas flores de loto y a la izquierda el complejo de templos y residencias. No se si era por la hora o porque es menos turística que las otras pero había muy poquita gente y se respiraba una tranquilidad que, junto con el entorno, se hacía un paseo realmente agradable. Solamente importunado por el tremendo calor y humedad que hacía.
Cruzando el lago llegamos a la zona de tumbas. Aquí encontramos varias tumbas entre ellas la de la emperatriz Le Thien Anh y la del emperador Kiến Phúc, sobrino y sucesor de Tự Đức.
A pesar de disfrutar de la compañía de una 100 concubinas, Tự Đức no tuvo descendencia seguramente al quedar estéril tras sufrir la viruela, así que eligió a su sobrino como sucesor, que no tiene tumba propia aparte, porque sólo reinó por un corto periodo de tiempo, ya que fue asesinado 8 meses después de subir al trono. Al pobre no le dio tiempo ni de pensarlo.
La ubicación exacta del lugar del entierro del emperador Tự Đức se desconoce ya que para evitar su expolio, dice la leyenda que fue enterrado en secreto y todos los participantes fueron asesinado para que no se pudieran ir de la lengua.
La visita a las tumbas imperiales llegaba a su fin y volvíamos a Hue.
Comimos algo en el mismo Mandarin Cafe y nos fuimos a la cercana oficina centra de correos a echar unas postales que habíamos comprado.
Fue una tarea algo complicada ya que nadie hablaba inglés pero conseguimos nuestro objetivo.
Desde allí dimos un pequeño paseo por la ribera del río. Llegamos hasta Trường Quốc Học, una escuela de educación secundaria establecida en 1896 siendo la tercera más antigua de todo Vietnam.
De estilo colonial francés, sus edificios muy bien cuidados destacan por su llamativo color rojo.
A la salida pudimos comprobar “in situ” la facilidad que tienen los vietnamitas de dormir en cualquier sitio y a cualquier hora. Había un tipo durmiendo tumbado en lo alto de una moto. Ahí, de tranqui.
Después del paseo tomamos un taxi y nos fuimos hasta el siguiente destino. Un resort de 5 estrellas en la playa a unos 25 minutos en coche de Hue en el que íbamos a descansar un par de días.
Se llama Lapochine Beach Resort y es realmente espectacular, tanto la habitación como las zonas comunes. Con un buffet de desayuno enorme y todo por 68€ la noche.
Esa tarde nos dedicamos a estar tirados en la piscina relajándonos. Por la noche cenamos en uno de los restaurantes del resort.
18 de julio
Empezamos el día un poco regular. A mi pareja la noche anterior se le taponaron los oídos y no escuchaba nada. Pero bueno, ya se le pasará. Nos levantamos sin prisa y bajamos a desayunar. Nos ponemos hasta arriba y nos vamos a la playa.
El hotel tiene acceso directo a la kilométrica playa y tiene unas cuantas pérgolas con tumbonas delante.
Nos tiramos a la sombra. Yo me atrevo a darme un chapuzón en el golfo de Tonkin. Fue muy extraño. Para empezar el agua estaba caliente como una sopa. Me fui metiendo y me iba cubriendo el agua hasta la rodilla y de aquí, según avanzaba empezaba a salir hasta cubrirme hasta los tobillos. Así que me di la vuelta y donde me cubría por las rodillas me revolqué cual morsa.
A pesar de ser canario, la playa no es que me guste mucho y además me aburro como un chuchango. Así que nos volvemos a la piscina que, además, el agua estaba más fresquita.
A la hora de comer, volvimos al restaurante donde habíamos cenado la noche anterior.
Después de comer y fruto de la desesperación, decidimos llamar al seguro para ir a un hospital a que le miraran los oídos a mi pareja.
Tomamos un taxi y nos fuimos a Huế en busca del hospital internacional. El taxi nos dejó en la entrada del complejo hospitalario de la ciudad que es realmente grande.
La verdad es que me sorprendió un montón tanto por el tamaño como por el aspecto ya que esperaba que fuera a ser un edificio con condiciones bastante malas.
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Después de atravesar varios edificios llegamos al hospital internacional, que tenía aún mejor aspecto que el resto de edificios.
Entramos y nos fuimos al mostrador. Le explicamos lo que pasaba y nos mandaron a pasar por caja. La factura fue de 25 dólares. Nos dijeron que el médico tardaría un poco en llegar y que esperáramos en la puerta de la consulta.
El médico tardó unos 5 minutos en llegar y venía corriendo, suponemos que estaba pasando consulta en otro edificio a gente local y le mandaron a venir corriendo a los que habíamos pagado.
En 5 minutos nos había solucionado el problema y Sara se había quedado gloria bendita.
Al salir nos paramos en un cafetería cercana a tomar un delicioso café vietnamita y un zumo de frutas y nos volvimos al resort.
Cenamos temprano y a la cama.
19 de julio
Volvemos a levantarnos con sin prisa y otra vez mala noticia: esta vez soy yo el de los oídos taponados.
Hoy además tomábamos a las 13.00 el bus a Hội An. Era horriblemente incómodo pero desayunamos con calma y nos tiramos un ratillo a la piscina. Llamamos al seguro y con los bártulos nos vamos al hospital internacional.
Llegamos al hospital y vamos al mostrador. Allí no había ni chus. Esperamos un rato hasta que vemos pasar a un tipo que parece ser del hospital. Le preguntamos y resulta que de 11.30 a 13.30 salen todos a comer a la vez y no se queda nadie allí. Madre mía. Como para tener una urgencia.
Pues como no teníamos tiempo, salimos del complejo y nos fuimos a una de las dos millones de farmacia que rodean los hospitales.
Elegimos una que atendían dos muchachas jóvenes por eso de que igual podían hablar algo de inglés. Pues no. Nos tiramos un rato haciendo malabares intentando hacernos entender que queríamos unas gotas para destupir los oídos. Hasta que recordé que me había descargado en el móvil el paquete de vietnamita. Ahora si. Me dio las gotas que me costaron 28.000VND (1.10€) y nos fuimos a comer algo.
Comimos algo ligero en un sitio llamado Phuong Nam que no estaba demasiado bueno y era un poco caro teniendo en cuenta los precios vietnamitas.
De allí nos fuimos al Mandarin Cafe donde habíamos comprado los billetes de bus que nos costó 4 dólares por cabeza.
Allí con uno de los empleados nos subimos en un taxi que nos dejó unos 50 metros más allá (que pagó el) y nos esperamos hasta que llegó el bus. Nos quedamos flipando. Por fuera se describía como european bed style bus.
Pues eso, en vez de asientos eran literas… vivir para ver. Muy europeo el estilo pero no lo había visto en la vida. Por cierto, mi “asiento” estaba estropeado y tuve que ir tumbado todo el camino.
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Este año tocaba volver a Asia, concretamente, Vietnam. Empezamos por Ho Chi Minh City (Saigon).
12 y 13 de julio
Por primera vez volamos con la compañía Turkish Airlines.
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En el aeropuerto cambiamos algunos euros por dongs vietnamitas para tener algo de cash para cuando aterrizáramos en Ho Chi Minh City, nada más y nada menos que ¡2 MILLONES DE DONGS!… 73.44€.
A las 17.05 salimos desde el aeropuerto de Málaga hacia el lugar de escala: Estambul.
El vuelo tranquilo y con la comida buena. Al aterrizar, sobre las 22.15, estuvimos parados un rato en pista. De repente empezamos a escuchar gritos un poco más atrás. Resultó que había un borracho dando por saco y un chaval se hartó y empezó a darle de hostias. Lo agarra la tripulación y al rato proseguimos hacia la terminal.
La terminal, en un primer momento, nos sorprendió debido a su reducido tamaño y a la aglomeración de gente allí dentro. Estábamos realmente extrañados ya que me habían comentado que el aeropuerto era descomunal. Suponíamos que estábamos en alguna terminal satélite como la T4 de Barajas. Pues no, habían en una esquina unas escaleras medio escondidas que daban al resto de la interminable terminal del aeropuerto.
Estambul desde el aire
Por delante 4 horas de escala. Consultando los paneles de los horarios, nos dimos cuenta de que nuestro vuelo marcaba como destino Ho Chi Minh City y, a la vez, Hanoi. ¿Qué demonios? Fuimos a preguntar a información y resulta que el avión iba primero a Ho Chi Minh City, allí nos bajábamos los de ese destino y el reto proseguía hacia Hanoi.
A las 2.15 de la mañana despegamos rumbo a Vietnam. Unas 11 horas después, sobre las 17.15 del ya 13 de julio, aterrizábamos en el aeropuerto Tan Son Nhat de Ho Chi Minh City.
Pasamos por inmigración donde había unas colas larguiiiiiiisimas que iban lentiiiiiiiiiiisimas. Tardamos como hora y media en pasar el control de pasaportes pero todo bien.
Tardamos tanto que se nos había hecho de noche. Tomamos el bus 152 por 5.000VND (0.18€) y nos bajamos en la parada del mercado de Ben Thanh que era la más cercana al hotel.
Al bajarnos del bus, nos encontramos con el primer gran problema: cruzar la calle.
Si llegamos a saber que el servicio de traslado era tan barato, no nos hubiéramos complicado la vida
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El tráfico en Vietnam es realmente endiablado. Millones de motos que no paran ni por casualidad. Ya lo había leído pero no pensaba que fuera a ser tan grotesco.
Después de un rato esperando, decidimos arriesgarnos a lo bestia muy, muy acojonados. Lo conseguimos.
Consejos para cruzar en Vietnam:
Hacerlo siempre con paso decidido y constante, si te paras o aceleras, te levantan. Las motos son como bancos de sardinas, ellos te evitan sin problemas.
Nunca, jamás te arrepientas y te des la vuelta, acabarás por los aires.
Si es una avenida muy ancha, espera a que llegue un local para cruzar y simplemente, se su sombra. Imítale en todos sus movimientos.
Conseguimos llegar sanos y salvos al hotel. Se llama Sanouva Saigon hotel. Un hotelito de 4 estrellas que nos costó 46€ la noche.
En la habitación nos habían dejado de obsequio unos miniplátanos, muy minis, que estaban buenísimos.
Se nos había echado la hora de cenar encima así que nos fuimos a un sitio que nos recomendaron el el hotel: el Ben Thanh Street Food Market. Una especie de mercado con puestos de comida que da la sensación de que estaba orientado para turistas.
Pero bueno, comimos bien y barato. Nos costó la friolera cantidad de 165.000VND (6.05€).
Con la barriga llena nos fuimos a la cama que estábamos agotados de tantas horas de viaje.
14 de julio
Nos levantamos a eso de las 7 de la mañana y nos apretamos un buen desayuno en el bufet del hotel. Incluyendo un delicioso café como nunca había tomado. Resultó ser el café que cagan las ginetas… Sublime, tres cafés me metí para el cuerpo.
Al salir a la calle, el calor y la humedad intensa nos metió un buen bofetón, dejándonos claro que nos iba a acompañar durante las dos próximas semanas. En la mochila me acompañaba siempre alguna camiseta limpia y nos dábamos al menos tres duchas al día.
Entramos al palacio por un lateral donde están las oficinas donde compramos las entradas. El precio es de 40.000VND (1.47€).
El palacio es de visita obligada debido a su historia (más que por su belleza).
Aquí, en el año 1975 se produjo la caída de Saigón por parte de las tropas del norte. La foto de un tanque nor-vietnamita derribando las verjas del palacio se ha convertido en todo un símbolo de la reunificación.
El palacio no es especialmente bonito pero si que tiene unos jardines espectaculares y muy bien cuidados.
En el interior se pueden visitar la sala de recepciones donde el presidente recibía las visitas oficiales. Varios salones y una zona utilizada como vivienda presidencial.
En el sótano podemos visitar un antiguo búnker militar y una sala de juegos. En la azotea, un helicóptero militar americano supongo que como una especie de botín de guerra.
Construida entre 1863 y 1880, es la catedral más grande construida por los franceses y fue el edificio mas grande de Saigón durante mucho tiempo.
En la plaza donde se encuentra, la Công xã Paris, también hay una estatua de la virgen María. Construida en Roma y trasladada a Vietnam en 1959.
Se puede acceder al interior pero nosotros no pudimos debido a unas obras que se estaban realizando.
Junto a la catedral se encuentra la oficina central de correos (Bưu điện Trung tâm Sài Gòn). Está catalogado como uno de los edificios más bonitos de Saigón. Fue construida entre 1886 y 1891 por Gustave Eiffel, el creador de la Torre Eiffel de París.
El interior es bastante espectacular para ser una oficina de correos, con su bóveda de capiteles dorados y los mapas antiguos representados en el suelo. Y por supuesto… el retrato de Ho Chi Minh al fondo.
En su interior también hay una tienda de recuerdos. Allí compramos algunas postales para mandar a conocidos y familiares (y a nosotros mismos).
En uno de los laterales había instalado una especie de mercadillo con puestos donde vendían libros llamada (originalmente) Ho Chi Minh City´s Book Street (Đường sách Thành phố Hồ Chí Minh).
Por allí pasamos paseando camino a Nguyễn Huệ, un gran bulevard que preside el edificio del ayuntamiento de la ciudad.
Por el camino paramos en un supermercado a comprar unos refrescos que nos costaron la friolera de 11.000VND los dos (0.40€).
Conocido como comité popular (Ủy ban Nhân dân Thành phố Hồ Chí Minh), fue construido entre 1898 y 1908.
No está permitido el acceso a los turistas así que nos tenemos que conformar con contemplarlo por fuera. De clara arquitectura colonial francesa, el edificio es precioso y muy bien cuidado.
Justo delante se encuentra una estatua del ídolo nacional Ho Chi Minh saludando. Sin duda es la estrella del bulevard y a sus pies siempre hay un ramo de flores frescas.
Recorremos el bulevard tranquilamente flipando con las tiendas de lujo de ambos lados de la calle. Jamás pensaba que podría encontrarme este tipo de tiendas en Vietnam.
Si lo prefieres, puedes contratar un fabuloso Free Tour para conocer todos los secretos de la ciudad.
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Paseando llegamos al Teatro de la Opera (Nhà hát lớn Thành phố Hồ Chí Minh). Construido en el año 1897 por el arquitecto Félix Olivier, es un bello ejemplo del estilo colonial francés.
Después de 1956 fue utilizado como cámara baja hasta 1975 que recuperó su función original.
Estando allí se nos acercaron un par de chavales que estaban practicando inglés para hacernos una pequeña encuesta. Nos preguntaron que si era la primera vez en Vietnam, en Asia y cosas por el estilo.
De aquí nos dimos una buena caminata de media hora contemplando la ciudad y su “calmado” tráfico hasta Pagoda del Emperador de Jade (Chùa Ngọc Hoàng).
La pagoda es una de las más importantes de Ho Chi Minh City. Construida por la comunidad cantonesa entre los años 1892 y 1909 y está dedicado al emperador de Jade, la deidad suprema del Taoísmo.
Viendo la entrada parecía que el templo iba a ser bastante cutre, pero para nada. Es bastante espectacular. Un remanso de paz dentro del bullicioso Saigón.
Justo antes de entrar se encuentra el refugio de las tortugas, un estanque lleno de tortugas. Debían haber cientos.
Dentro, la luz es muy tenue y algún pasillo resulta tétrico pero los salones son preciosos.
Pasamos por varios salones hasta llegar a unas escaleras estrechas y empinadas que dan a la azotea. Desde arriba podemos observar los bellos y coloridos tejados de la pagoda.
La verdad es que son una auténtica obra de arte con estructuras de madera roja enlazadas con tejas cerámicas de color verde.
A la bajada pasamos por un pasillo estrecho donde compramos unas ofrendas.
La entrada a la pagoda es gratuita pero se pueden dejar donativos.
Al salir de la pagoda, entramos en un 7eleven cercano a comprar unos refrescos y agua fresca. Al salir, supongo que por el calor y la humedad me dio un bajón de tensión tan grande que nos metimos en un taxi y nos fuimos corriendo al hotel a descansar un poco al fresco. La carrera nos costó 54.000VND (2€) y estábamos a más de 3 kilómetros.
Después de una buena ducha y un pequeño descanso, nos fuimos camino de un restaurante cercano que me habían recomendado. Llegar fue bastante complicado ya que teníamos que cruzar varias avenidas con un tráfico realmente infernal.
El restaurante en cuestión se llama Nhà hàng Dìn Ký y es de comida típica vietnamita. Nos pusimos hasta arriba de comer y nos costó la friolera de 236.000VND (8.65€) los dos. La comida, además, estaba buenísima.
Después de comer, nos dimos un paseillo y nos sentamos en un Highlands coffee a tomarnos unos frapés. Los Highlands coffee son una cadena tipo starbucks pero vietnamita. Están por todos lados. Está muy buenos y son más baratos que éstos. Nos costó 59.000VND cada uno (2.16€).
Al ir al baño vi algo un poco perturbador. Junto al inodoro habían colgadas unas pinzas largas. ¿para qué serán? Creo que prefiero no saberlo.
Nos tiramos allí un buen rato con el aire acondicionado y el wifi.
Ya frescos y relajados proseguimos el paseo mientras iba cayendo la noche. Paseamos por el centro financiero con los impresionantes rascacielos de nueva construcción que se están montando en la ciudad.
Nos acercamos al espectacular Bitexco Finalcial Tower, la segunda torre más alta de Saigón con 262 metros y 68 pisos. Inaugurado en 2010, las plantas inferiores son un centro comercial para, sin duda alguna, las clases más altas del país.
Con tiendas de cadenas multinacionales, los precios son algo más elevados que en los comercios de las mismas cadenas que en España.
Salimos de allí asombrados por los precios y subimos paseando por el bulevard Nguyễn Huệ. Allí había instalado un escenario y había una especie de concierto de música techno. Allí nos sentamos un ratillo.
El bulevar por la noche está bastante animado. Llegamos hasta el ayuntamiento, volvimos a pasar por la ópera, la catedral y la oficina de correos.
Vaya, el recorrido de la mañana otra vez. El ambiente nocturno de toda la zona está muy bien y el calor (la humedad no) remite un poco y se está más a gusto en la calle.
De camino a cenar, entramos a aprovechar un poco el aire acondicionado en el centro comercial Diamond Plaza. Otro centro comercial para las élites sociales porque unas zapatillas deportivas por 130€, dudo mucho que esté al alcance de la mayoría de vietnamitas.
Como no teníamos ganas de rompernos la cabeza, volvimos a cenar en el Ben Thanh Street Food Market como la noche anterior. Nos cenamos unos baos que estaban buenísimos por 165.000VND (6.05€) los dos.
Si dispones de más tiempo que nosotros, te recomendamos una bonita excursión al Delta del Mekong. Para nuestro próximo viaje lo tenemos anotado.
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15 de julio
Último día en Saigón. Nos levantamos temprano y después de un buen desayuno con varios cafés cagaos, ponemos rumbo a la orilla del río Sài Gòn.
De camino pasamos por el edificio del banco nacional de Vietnam. El edificio es bastante impresionante. Cuando fui a sacarle fotos, salió gritando un policía que estaba en una garita a echarnos de allí.
Pues si me echas se las saco desde lejos… pero era complicado de sacar, aquí pongo las mejores que pude sacar:
Fachada trasera.Fachada delantera.
Paseamos un poquillo por la ribera del río y nos volvimos hacia el centro arriesgando la vida para cruzar la avenida Đường Tôn Đức Thắng. Pasamos bastante miedo.
Conseguí grabar un video de como cruzábamos la avenida, aunque salió de aquella manera por culpa del miedo que estaba pasando:
Por el centro nos subimos a un taxi para llegar al templo budista Vĩnh Nghiêm(Chùa Vĩnh Nghiêm).
Este es un templo muy reciente. Construida en el año 1964 es la pagoda budista Mahāyāna más grande en la ciudad de Ho Chi Minh. La torre de reliquias es aún más joven y data del año 1982.
Aunque no es imprescindible, es una bonita visita en Saigón. Es un lugar realmente tranquilo comparada con la bulliciosa avenida en la que se encuentra.
Templo Vĩnh Nghiêm (Chùa Vĩnh Nghiêm).
De aquí nos fuimos paseando hasta una parada de bus para tomar uno hasta la lejana tumba de Lê Văn Duyệt (Lăng Tả quân Lê Văn Duyệt).
El bus era para verlo. Nos sentamos y al poco pasó un chaval a cobrarnos el billete. Nos costó 3.000VND cada billete (0.11€) y aquello estaba destartalado no, lo siguiente. En el suelo junto a la palanca de cambios había un agujero por el que se veía hasta la carretera. Entre eso y el infernal caos circulatorio… toda una experiencia.
La tumba fue construida para venerar al gran militar vietnamita Le Van Duyet (1763-1832). Se dice que este lugar está investido de poderes ocultos y suele haber adivinadoras rondándolo, pero nosotros no vimos ninguna. Ese día estábamos prácticamente solos.
Se puede visitar el templo del recinto pero no se pueden sacar fotos. Nos quitamos los zapatos y pasamos junto al monje que supongo que era el encargado de vigilar la entrada del templo, pero el hombre se estaba echando una buena siesta sin enterarse de nada. Por cierto, los vietnamitas duermen mucho y en cualquier sitio.
Merece mucho la pena recorrer la distancia a la que está el templo porque es muy, muy bonito.
Tumba de Lê Văn Duyệt (Lăng Tả quân Lê Văn Duyệt).
Como se había hecho tardecillo, tocaba buscar sitio para comer. Nos decidimos por una cadena vietnamita especializada en Phở, la sopa típica vietnamita. Se llama Món huế y están por todo Vietnam.
Por 15.000VND (0.55€) me pusieron un cancarro como de un litro con varios pequeños recipientes con cosas para echarle.
A nuestro lado habían dos señoras comiendo que por gestos me indicaron que le echara todo al Phở. Yo muy obediente hago caso y se lo echo. Lo pruebo… ¡¡¡HIJAS DE…!!! Todo lo que le eché picaba como mil infiernos. Me puse de todos los colores mientras las dos viejas se meaban de risa.
De todas maneras me gusta mucho el picante. Lo que no me gusta es el cilantro y aquella sopa tenia como 3 kilos de cilantro. No sabía a nada más, así que no me la pude comer.
Phở.
Me comí otro cancarro enorme de noodles con carne y verduras. La comida vietnamita es muy equilibrada, en todos los platos te meten hidratos, algo de carne o pescado y, sobre todo, mucha verdura y hortaliza. Se come de maravilla.
Después de comer nos volvemos camino al hotel, pero antes nos pasamos a curiosear por el mercado de Bến Thành.
Allí en un puesto compramos un bolso marca North Pole (de dudosa procedencia y autenticidad).
En Vietnam siempre se regatea. Al principio nos pidió 300.000VND (11€) y ella sola se regateó hasta los 200.000VND (7.34€). No me pareció mal precio así que accedimos, aunque seguro que podía haber sacado un precio mejor.
Huelga decir que el bolso de marca ya estaba roto antes de salir de Vietnam pero seguía siendo usable.
El Mercado Ben Thanh (Chợ Bến Thành) es el mayor mercado del centro de la ciudad y se estableció en el siglo XVII por los vendedores de la zona, cerca del río Saigón.
En 1859 es establecido oficialmente por los franceses. Fue destruido por un incendio en el 1870 y posteriormente reconstruido para convertirse en el mercado más grande de Saigón.
En 1912 fue movido a su ubicación actual y reformado en el año 1985.
De aquí nos pasamos a recoger las maletas y nos subimos a un taxi al aeropuerto que nos costó nada y menos.
Volábamos a la ciudad de Huế en el centro del país, con Vietnam Airlines. El vuelo nos costó 51€ cada uno. El doble que el tren pero nos ahorramos 17 horas de camino.
Llegamos con bastante tiempo y hacemos nuestra cola para facturar. Por suerte nos dieron las salidas de emergencia sin coste extra así que viajaremos cómodos.
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Madrugón y a las 8 de la mañana ya estábamos en el bus de camino a Daimonzaka.
Delante de la estación de tren se toma el bus 31 que va hacia el Gran Santuario Kumano Nachi Taisa (熊野那智大社). El billete de ida y vuelta cuesta 1.000 yenes (7.50€).
Como media hora después llegamos a la parada de la cuesta Daimonzaka. Ahí empezamos el sendero de ascensión hacia los templos.
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La cuesta Daimonzaka (大門坂), es un sendero precioso de algo menos de 1km de largo y 267 escalones que va entre gigantescos cedros.
Cuesta Daimonzaka (大門坂).
Después de la ascensión con el calor húmedo de la zona, llegamos al Gran Santuario Kumano Nachi Taisa (熊野那智大社). Es el principal santuario de los más de 4.000 del Kumano Kodo.
Por desgracia, pillamos el templo en obras y estaba totalmente cubierto, pero si que se podía acceder a el.
Salón del Tesoro (熊野那智大社 宝物殿)
Aquí nos encontramos con un mirador donde podremos observar unas espectaculares vistas de todo el valle.
Justo al lado se encuentra el templo Seiganto-ji (青岸渡寺), un templo budista de la escuela Tendai que data del siglo V. Es el edificio más antiguo del Kumano Kodo.
Nada más salir, nos encontramos con la imagen más conocida del Kumano Kodo y una de las más conocidas de Japón: la cascada de Nachi tras una pagoda roja de tres pisos.
Gran Santuario Kumano Nachi Taisa (熊野那智大社).
La pagoda del templo Seiganto-ji (青岸渡寺) es una construcción muy reciente que data de 1972. Se puede subir pagando pero nosotros no lo hicimos.
A la salida del templo, nos encontramos con unas escaleras que, entre enormes cedros y árboles de alcanfor, bajan hasta el santuario Hirō (飛瀧神社). Está a los pies de la impresionante cascada de Nachi de 133 metros de altura.
En conjunto, la vista es realmente impresionante.
Lo único malo es que luego hay que volver a subir las escaleras.
Nada más terminar las escaleras está la parada de bus. Allí tomamos el bus de vuelta a Kii-Katsuura, después de tomar un helado para mitigar el calor.
De vuelta en la ciudad, comimos en un pequeño restaurante que nos recomendó la dueña del hotel llamado めはり寿司二代目 (Mehari zushi nidaime). Lo lleva un señor muy serio, que sólo habla japonés, pero que tiene carta en inglés.
Por 1.400 yenes (10€) nos puso un menú variado con un sashimi de atún de la zona que estaba para llorar.
Nada más terminar de comer, salimos corriendo a la estación de tren.
Allí tomamos el Limited Express Kuroshio de las 16.15. A las 16.38 nos bajamos en Shingu para visitar el Gran Santuario de Kumano Hayatama Taisha (熊野速玉大社).
Por desgracia cerraba a las 17.00 y lo pillamos cerrando. Aún así pudimos pasear por el recinto y la verdad es que mereció la pena la carrera que nos dimos.
Gran santuario de Kumano Hayatama Taisha (熊野速玉大社).
Aprovechando que habíamos ido hasta Shingu, dimos un paseo por la ciudad hasta las ruinas del castillo. Desde allí se divisan unas vistas preciosas de la ciudad a un lado y del río Kumano al otro.
Puente Shinkumanoo desde las ruinas del castillo.
Bajando del castillo nos acercamos hasta el pequeño templo de Asuka. Es uno de los templos auxiliares del gran santuario de Kumano Hayatama Taisha (熊野速玉大社).
Asuka Jinja.
Ya agotados nos fuimos camino de la estación para regresar a Kii-Katsuura.
Pero por el camino nos encontramos con una edificación que parecía de estilo chino que resultó ser el parque Jofuku.
Se trata de un pequeño parque dedicado a Jofuku, un personaje enviado a Shingu hace más de 2.000 años en busca del elixir de la vida.
Parque Jofuku.
A las 19.02 nos subimos en el tren de vuelta. En el hotel la dueña nos ofreció la sopa dulce que nos había comentado a la llegada el día anterior. Era una sopa de judías muy, muy dulce pero estaba buenísima y sentó muy bien para merendar.
Después de la exquisita merienda nos fuimos a relajarnos un poco a un onsen cercano.
Elegimos el de un hotel de lujo llamado Katsuura Gyoen. Es un hotel de playa pero pagando 2.000 Yenes (16€) por persona puedes usar el onsen.
Este es una pasada, tiene una piscina de agua caliente enorme de interior y en el exterior con una decoración como si estuvieras en el el campo, tiene una piscina grande caliente y otra más pequeña de agua templada. Dan ganas de quedarse allí a vivir.
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Con las montañas de fondo se hizo la noche y, para añadir más magia, hubo un momento de la noche que tiraron fuegos artificiales. Fue espectacular.
Ya muy relajados después de un duro día nos volvimos al hotel, previo paso por el familymart a pillar cena y a dormir que al día siguiente había que supermadrugar.
25 de Julio
Hoy, sobre las 6.30 nos levantamos. Íbamos a ver la subasta de atún del cercano mercado de pescado de KII-Katsuura. A las 7 estábamos ya en la nave, desde donde pudimos admirar todo el trajín de la subasta.
A la salida de la subasta, nos sentamos un rato en uno de los muchos onsen para pies que hay repartidos por el pueblo, que, además, son gratuitos.
Allí relajamos un ratito los pies antes de coger el tren en dirección Nagoya.
A las 8.55 tomamos el tren directo a Nagoya a donde llegamos a las 12.41 del mediodía.
Dejamos las cosas en el hotel (el mismo que una semana antes) y salimos corriendo a la cercana ciudad de Gifu.
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En Gifu, nada más salir de la estación tenemos una estatua dorada del famoso daimyō Oda Nobunaga (織田 信長). Vivió durante 9 años en Gifu que fue la base donde empezó a unificar el país.
Este personaje histórico está presente por toda la ciudad.
Oda Nobunaga.
Allí mismo nos subimos en el bus nº80 para visitar el Monte Kinka (金華山), que es donde se encuentra el Castillo de Gifu (岐阜城). Pero antes de subir, pasamos por el templo Shōbō en la base del monte.
En este templo se encuentra el Gran Buda de Gifu (岐阜大仏). Una imagen sentada de Shaka Nyorai. La imagen, que mide más de 13 metros fue completada en 1832.
Gran Buda de Gifu (岐阜大仏).
Después de visitar el pequeño templo pasamos por un familymart a hidratarnos un poco y refrescarnos al aire acondicionado y seguimos adelante.
Dimos un paseo por el parque Gifu mientras íbamos en busca del teleférico del castillo. El teleférico cuesta 620 yenes ida (5€) y 1.080 ida y vuelta(8.70€).
En esta ocasión compramos ida y vuelta ya que después de tantos días empezábamos a estar cansados y hacía muchísimo calor.
El viaje dura unos 5 minutos y una muchacha te va explicando en japonés supongo que cosas de las vistas y del castillo. Éramos los únicos occidentales que había por allí.
Las vistas desde lo alto son realmente espectaculares. Por 200 yenes (1.60€) se puede acceder al castillo y mirar las vistas pero nosotros no lo hicimos.
Las vistas eran ya bastante espectaculares desde la base de la torre. Nos conformamos con verlas desde allí.
Gifu desde el castillo.
Volvimos a bajar en teleférico ya que estábamos bastante cansados. Dimos otro pequeño paseo por el parque Gifu y volvimos a Nagoya para cenar.
Cuando íbamos a salir del hotel, cayó uno de los chaparrones más gordos que nos han caído nunca. En nada de tiempo se formaron ríos en las calles.
Cenamos en el restaurante Sekai no Yamachan Ikeshita-ten, una cadena especializada en alitas típicas de Nagoya. La verdad es que era una oda a la fritanga.
Estaba bueno pero era excesivamente caro para ser fritanga. Nos costó por 3.369 yenes (27€).
Oda a la fritanga.
Después de la cena nos dimos un pequeño paseo por la zona de Sakae subiendo a la terraza del edificio Oasis 21. Es una estación de bus y centro comercial, desde donde se divisa la torre de Nagoya en todo su esplendor.
Torre de Nagoya.
26 de julio
Volvemos a supermadrugar. Hoy toca una nueva ruta de senderismo: La ruta Nakasendo.
Se trata de una antigua ruta que unía Kioto con Edo (la actual Tokio). Nosotros hicimos la ruta más famosa que es la que une los pueblos de Magome y Tsumago.
A las 8 de la mañana tomamos la línea de tren Limited Express Shinano hasta Nakatsugawa, a donde llegamos a las 8.49.
Mientras esperábamos el bus, dimos una vuelta por la oficina de turismo. A la vez es una enorme tienda de souvenirs que está junto a la estación de tren y bus.
Allí me compré un pastelito con forma de pescado que era como una especie de dorayaki relleno de pasta de sandía. Estaba muy rico por cierto.
A las 9.10 salió el bus dirección Magome. El billete cuesta 560 yenes (4.60€) y tarda, en principio, unos 25 minutos. Digo en principio porque antes de salir de Nakatsugawa tuvimos un accidente contra un turismo que nos tuvo unos diez minutos parados hasta que mandaron otro autobús para recogernos.
Sobre las 9.45 llegamos a Magome, la estación de descanso número 43 de la antigua ruta Nakasendo.
Vista desde la parada del bus.
En el pueblo hay varios museos pero nosotros nos pusimos directamente en marcha. La cosa empieza bien ya que el pueblo es cuesta arriba.
Nada más empezar cogemos fuerzas comprando en un puesto una especie de dorayaki relleno de una castaña asada. Exquisito.
A mitad del pueblo nos encontramos con la oficina de turismo. Allí te ofrecen varios servicios. Puedes tomar un mapa. Puedes comprar o alquilar campanillas para espantar a los osos. Y también tienen servicio de consigna (de pago) para dejar las maletas. Además te dan todo tipo de información sobre la ruta.
El pueblo está muy cuidado y es precioso. Aunque da la sensación que solamente es porque está orientado al turismo como si fuera un parque temático.
Magome.
Seguimos subiendo hasta el final del pueblo donde hay un mirador en el que hacemos un descanso para admirar las impresionantes vistas del valle. Las vistas en invierno tienen que ser espectaculares con el valle nevado.
Seguimos el camino, desde aquí, 7.6 km nos separan de Tsumago.
Por todo el camino nos vamos encontrando con campanas para tocarlas y espantar a los osos. La verdad es que no se si realmente funcionan porque no vimos ni uno en toda la ruta.
A unos dos kilómetros nos encontramos con el santuario Kumano-jinja (熊野神社), un buen sitio para hacer un pequeño descanso a la sombra.
Santuario Kumano-jinja (熊野神社).
Seguimos adelante en el espectacular entorno boscoso espantando osos. La verdad es que la ruta es realmente impresionante.
A unos 3 km nos encontramos con una casa de té en medio del bosque. Allí nos ofrecen descanso al fresco y un té a cambio de la voluntad.
Un poco más adelante nos sentamos a la sombra a comernos unos bocatas que habíamos llevado para almorzar.
La tranquilidad del entorno te contagia y te lo tomas con mucha calma. Una tranquilidad que solo se rompe cuando pasa algún turista haciendo la ruta. Sobre todo si lleva una campanilla espantaosos.
Después de coger fuerzas seguimos el camino. Varios kilómetros más adelante salimos del bosque y el camino prosigue por una zona de huertos hasta llegar a Tsumago, la estación de descanso número 42 de la antigua ruta Nakasendo.
Arrozal llegando a Tsumago.
Tsumago da la sensación de ser menos artificial que Magome, pero aún así se nota que está muy cuidado gracias al turismo.
Tiene varios puntos de interés como el templo Kotokuji o el museo Nagiso, pasando por tiendas de artesanía.
Tiene también una oficina de información turística donde te dan todo tipo de información y en la que hay wifi y se puede descansar al fresquito.
Tsumago.
Dimos un pequeño paseo por el pueblo y nos subimosl bus hacia el cercano pueblo de Nagiso. Allí tomamos el tren de vuelta a Nagoya a las 16.55.
A las 18.05 ya estábamos en Nagoya. Nos fuimos directos al hotel a darnos una ducha y enseguida nos fuimos a la calle a dar una vuelta por Nagoya.
Estuvimos dando una vuelta por la zona comercial de Sakae. En el centro comercial sunshine había un pequeño concierto de una especie de grupo idol de chavales y era todo bastante gracioso.
Desde lo ordenadas que estaban las grupis hasta los bailes que hacían.
Nos acercamos a frikear un rato al pokemon center. Está ubicado dentro del lujoso centro comercial Matsuzakaya (no se como nos dejaron entrar con las pintas que llevábamos).
Como ese día no habíamos caminado suficiente, nos fuimos en busca del castillo de Nagoya.
A esa hora ya estaba cerrado pero le dimos una vuelta al foso esperando poder verlo pero solo conseguimos ver la parte más alta y varias torres de defensa.
Después de la enorme vuelta que dimos, nos volvimos a la zona de Sakae a apretarnos un delicioso tonkotsu ramen en uno de los locales de la cadena Ichirán. Y con la tripa calentita al hotel a descansar los 28 kilómetros que habíamos andado ese día.
27 de julio
Esto se empieza a acabar, toca volver a Tokio. Tomamos temprano el shinkansen para poder aprovechar el día.
Sobre las 10 de la mañana ya estábamos en Tokio. Dejamos la cosas en el hotel, que era el mismo de los primeros días y nos fuimos hacia Asakusa.
Por circunstancias personales, en 2017 prometí volver al Templo Senso-ji algún día a hacer una ofrenda. Lo prometido es deuda.
Puerta de los Truenos o Kaminarimon (雷門).
Había tantísima gente que en vez de ir por la calle Nakamise, fuimos por una de las paralelas. Maravillosa idea ya que allí descubrimos un sitio que te ponen melonpan relleno de helado, ¡qué barbaridad!
Antes de entrar al templo nos purificamos con incienso. Hacemos nuestra cola, y hacemos la ofrenda prometida.
Luego sacamos un omikuji a través del sistema del palito con el número en japonés (menos mal que siempre hay alguien que te ayuda).
Como esta vez el omikuji me predijo “la mejor” de las suertes, en vez de dejarlo en el templo, me lo traje a casa.
Había tantísima gente que se hacía incómodo pasear por el recinto del templo. Salimos por la puerta trasera en busca de una heladería especializada en helados de té matcha. Tienen diferentes intensidades de sabor, que había visto en un blog .
Se llama Suzukien Asakusa (壽々喜園). Hicimos nuestra cola y me pedí con intensidad 5. Estaba buenísimo. Ya de paso me compré un bote de té matcha para traérmelo a casa.
De allí nos fuimos a Shinbashi a comer karaage (pollo frito japonés) en un sitio que conocimos en 2016 y nos encantó se llama Karayama Shinbashi (からやま 新橋店).
Ese día estaba cortado el tráfico de la zona y en la plaza de la estación había una especie de festival en el que habían puestos de comida y un escenario donde se estaba representando espectáculos de baile tradicional.
De allí nos fuimos a pasear por Shinjuku. Visitamos algunos centros comerciales y coincidimos con la tienda oficial de los juegos olímpicos de 2020 que había abierto dos días antes.
Ya cerca de la puesta de sol, subimos al mirador del edificio del gobierno metropolitano.
El mirador tiene unas vistas impresionantes en 360º y se dice que en días claros se ve el Monte Fuji. Tres intentos en dos años y seguimos sin verlo.
Las vistas mientras va anocheciendo y se va encendiendo la ciudad son una pasada. Además hay aire acondicionado, máquinas de vending, tienda de regalos, wifi y un restaurante. ¡Ah! y la entrada es gratuita.
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A la vuelta del mirador, ya de noche, nos fuimos a dar un paseo por Kabukicho. Es la zona de entretenimiento para adultos por excelencia en Tokio.
En el hay numerosos karaokes gigantescos, bares, clubs nocturno y love hotels. Tanto para hombres como para mujeres. Aunque la mayoría están dirigidos por la yakuza o mafia japonesa.
He leído en algunos blogs que los relaciones públicas son muy agresivos. No se si por ir con mi pareja pero pasaban de nosotros.
Kabukicho.
La verdad es que es un paseo muy curioso con los edificios plagados de neones y los locales frikis como el restaurante robot o el godzilla gigante en unos multicines.
De aquí nos volvimos a Kamata, el barrio donde tenemos el hotel. Allí junto a la estación de JR hay un restaurante de sushi de cinta que descubrimos en 2016 que está buenísimo y relativamente barato. El Sushi Matsu Kamata 2 gōten (すし松 蒲田2号店). Nos comimos en total 12 platillos y nos costó 2.980 yenes (22€).
Esa noche nos vamos con incertidumbre a la cama ya que al día siguiente se espera el paso de un tifón por Tokio.
28 de julio
Amanece lloviendo en Tokio. Parece que el tifón que se esperaba se desvía y solamente nos va a pillar de refilón así que nos echamos a la calle.
Hoy toca una nueva excursión. Nos vamos hasta Kamakura para recorrer la zona el el Enoden electric railway.
Para ello tomamos la línea Keihin-Tōhoku hasta Yokohama y allí cambiamos a la línea Yokosuka hasta la estación de Kamakura, en donde la lluvia parecía dar una pequeña tregua.
Enoden electric railway.
Allí compramos el billete Noriorikun por 600 yenes (4.84€), que te permite subir y bajar del Enoden cuantas veces quieras a lo largo del día.
En la estación ponemos el característico sello que encontramos en muchas estaciones de tren. En las del Enoden podemos encontrarlos en todas las estaciones.
El recorrido discurre entre población, costa y bosque y es bastante tranquilo.
La primera parada en la que nos bajamos es Hase, con un estilo muy retro y hecha de madera.
Puedes visitar Kamakura con la preciosa excursión de Civitatis:
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Allí estampamos en nuestra libretilla de sellos el correspondiente de la estación y nos encaminamos al templo budista Kōtoku-in (高徳院). Aquí se encuentra el gran Buda de Kamakura.
En 2016 también lo visitamos y compramos un amuleto de la suerte, que no se si es por su culpa o es casualidad, pero a partir de aquí tuve un par de años muy buenos y con muy, muy buena suerte, así que tocaba hacer una nueva ofrenda de agradecimiento, por si acaso. Le estoy tremendamente agradecido.
Gran Buda de Kamakura.
Volvemos al Enoden en busca del siguiente y principal destino del día: laisla de Enoshima .
Nos bajamos en la estación de Enoshima. Ponemos el correspondiente sello y nos vamos dando un paseo hasta cruzar el puente de 600 metros que une Honshu con Enoshima y llegar a la la isla.
Enoshima desde el puente.
Según terminamos de cruzar el puente, llegamos a la calle Benten-Nakamise. La calle está llena de pequeñas tiendecillas de recuerdos y restaurantes turísticos.
En esta misma calle cruzamos un gran Torii de bronce que indica que entramos en una calle que lleva a un templo budista.
Originalmente el torii era de madera pero fue reconstruida en bronce en 1821.
Al final de la calle nos encontramos con un gran Torii rojo que indica la entrada al santuario de Enoshima. Seguidamente, unos escalones después la puerta Zuishinmon .
Justo antes de la puerta, a mano izquierda podemos sacar un ticket por unos 400 yenes (3.22€) para subir por unas escaleras mecánicas, pero nosotros decidimos subir andando que tenía más encanto. Por cierto, las escaleras mecánicas son solamente de subida. Para bajar, hay que hacerlo andando.
Seguimos subiendo y llegamos al complejo del Santuario de Enoshima.
Santuario de Enoshima.
Se trata de un complejo de tres pabellones: el santuario Hetsunomiya, fundado en 1206 y dedicado a la deidad de las tres hermanas.
El salón Hoanden donde se encuentran las estatuas de Happi Benzaiten del año 1182 y la de Hadaka Benzaiten, del periodo Edo.
Está consagrado a las tres diosas de Munakata. Hasta el período Edo, estaba consagrado a Benzaiten y se llamaba Eshima Benten o Eshima Myojin.
La actual deidad consagrada se cambió cuando el sintoísmo y el budismo se separaron en el período Meiji.
Desde aquí tenemos unas bonitas vistas de la calle Benten-Nakamise y de la ciudad y sus playas.
Seguimos subiendo y llegamos a otro impresionante mirador con vistas aún mejores que el otro.
Allí había un poste con una pequeña plataforma que resultó ser para poder apoyar la cámara el el móvil para sacar un selfie. Más adelante veríamos más de estos postes muy bien situados.
Un poco más adelante del mirador, sin seguir subiendo más… llegamos al segundo santuario de Enoshima: el santuario Nakatsunomiya.
Construido en el año 853 y reconstruído en el año 1689 por orden del Shogún Tokugawa Tsunayoshi. Está consagrado a Ichikishima Hime no Mikoto.
Un poco más arriba nos encontramos los jardines Samuel Cocking. Es un extenso jardín de plantas tropicales creado en 1880 por el comerciante británico Samuel Cocking.
Como no disponíamos de mucho tiempo y había que pagar entrada, pasamos de entrar y seguimos el camino.
Dimos un paseo por la parte alta de la isla y nos fuimos en camino del moderno templo budista Enoshima Daishi.
Construído en 1993 y conocido por su enorme estatua de 6 metros de Fudomyo. Dentro estaban llevando a cabo alguna ceremonia con cánticos delante del fuego muy curiosa a la que se podía acceder sin problemas.
Continuamos el paseo dejando atrás pequeñas tiendecillas de recuerdos y restaurantes. Uno de los locales que habían nos llamó especialmente la atención, ya que en la puerta indicaba que solamente admitían locales, es decir, japoneses.
Habíamos leído en alguna web y algún blog que esto pasaba en Japón pero es el primer y único sitio en el que lo hemos visto. Aunque no lo justifico, imagino que habrán tenido alguna mala experiencia con extranjeros, eso si, la bandera de E.E.U.U. bien puesta en la puerta ¿?¿?¿?
Sólo locales.Poste para selfies.
Después de pasar estas callecitas, llegamos al último y más antiguo de los tres santuarios de Enoshima: el Santuario Okutsunomiya.
Fue destruido por un incendio en 1841 y fue reconstruido al año siguiente.
Uno de los pabellones que me llamó la atención del santuario fue el Santuario Ejima Ryugu. Es un pequeño santuario construido en 1993 en una cueva con un dragón en lo alto de la entrada.
La pena es que ese día se encontraba cerrado y no pudimos entrar a verlo. Justo enfrente encontramos otro de los postes para poder sacar selfies.
Santuario Ejima Ryugu.
Muy cerquita encontramos la campana de los amantes, que las parejas tocan juntas y donde dejan candados con sus nombres en una de las vallas cerca de la campana. También tiene su correspondiente poste para selfies y este da un muy buen servicio, damos fe.
Desde aquí llega lo bueno, empezamos a bajar escaleras… y a bajar… y a bajar… que luego hay que subir… que subir… que subir… hasta llegar al nivel del mar.
Allí después de un paseo corto por la rocosa orilla llegamos a las cuevas Enoshima Iwaya, que son unas cuevas que fueron creadas por la erosión de las mareas.
Volvimos a subir las escaleras y nos fuimos cruzando toda la isla camino del Enoden de nuevo.
Nos subimos en el tren y nos paramos en la estación Gokurakuji, que es básicamente un apeadero. En ese momento empezaba a llover en tromba pero aún así, salimos para ver el Templo Shinsho Gokuraku-ji (極楽寺 ). Es un templo templo de la secta Shingon Risshu construído en el año 1.259.
Jardines del Templo Shinsho Gokuraku-ji (極楽寺 ).
Entre la lluvia intensa y la hora que era, no tardamos mucho en visitarlo. En un rato estábamos de vuelta en la estación del Enoden para tomar el siguiente tren.
Poco después nos bajamos de nuevo en la estación final Kamakura para buscar algún sitio para comer bajo la lluvia del tifón.
La lluvia parece que daba un poco de tregua y callejeando, encontramos un sitio de ramen regentado por una señora bastante mayor. Habían solo 3 ó 4 mesas.
Nos pedimos un arroz frito que estaba delicioso y un ramen que estaba para chupar el cuenco. De los mejores que hemos tomado.
Lo malo es que el nombre estaba en japonés y no viene en el street view. Una pena para poder recomendarlo.
Estando en el restaurante empezó otra vez el diluvio universal. Encima, de camino a la estación se me rompió el paraguas.
Ya de vuelta en Tokio, nos dimos un saltito al centro comercial Sunshine city en Ikebukuro, en busca de unos comics manga que buscaba en un book off.
Lo encontré y como era la hora de cerrar, se fue mi pareja a pagar mientras yo iba al baño. Ahí le pasó algo curioso. La cajera venga solo a hablarle en japonés, y ella pensando en que si no estaba viendo que era occidental y que no entendía ni papa. Hasta que cayó en la cuenta que claro, supondría que hablaba japonés cuando se estaba llevando 4 cómics en su idioma… En fin… guiris.
Después de la experiencia y aprovechando nuestra última noche en Japón y que había dejado de llover, nos fuimos hasta Akihabara a cenar y a dar un último paseo por el frikísimo barrio electrónico.
Y luego, a la cama.
29 de julio
Último día en Japón y hay que aprovecharlo. Hoy toca frikismo del bueno.
Nos desplazamos al barrio de Katsushika a ver las estatuas de la serie de anime campeones (Oliver y Benji / Capitán Tsubasa). La pena que me queda es que meses después renovaron la estación y la dejaron más temática aún.
Para llega allí tomamos la línea privada Keikyū Main Line, por 580¥ (4.40€), desde la estación de Shinagawa hasta la estación pequeña estación de Yotsugi.
Nada más salir de la estación nos encontramos de frente con el plano de donde están las estatuas. Empezamos por la de Bruce Harper junto a la entrada a la estación y de ahí, un paseo por el barrio hasta encontrar las 7 estatuas relacionadas con la serie.
Allí se encuentran estas estatuas ya que el creador era de este barrio y las colocaron a modo de homenaje y, ya de paso, para atraer un poco al turismo al barrio.
El barrio entero está dedicado al fútbol en cada rincón. Fuimos buscando todas y cada una de las estatuas hasta llegar a la estación Keisei Tateishi donde tomamos el tren de vuelta al sur de Tokio.
Nos bajamos en la parada del teatro Kabuki. Íbamos en busca del restaurante Totobe. Un sencillo restaurante de sushi cerca de Tsukiji que descubrimos en 2016 y en el que sólo habían comiendo trabajadores japoneses. Sin turistas así que era buenísimo y barato. Pero tuvimos muy mala suerte y resultó que no abren los domingos. Cachis la mar. Tocaba buscar sitio para comer.
Decidimos tomar el metro hacia la estación de Tokio para comernos un exquisito ramen en la Tokyo ramen street en un sitio que también descubrimos en 2016. Se trata del restaurante Rokurinsha. Para entrar hay que hacer bastante rato de cola pero merece la pena la espera.
Para terminar la visita en el país, nos fuimos a Harajuku a dar un último paseo por la calle más friki: Takeshita Dori. Compramos algunos regalos en el Daiso y paseamos por la lujosa calle Omotesando.
Ya reventados recogimos las maletas del hotel y nos fuimos al aeropuerto. El vuelo salía de Haneda a las 21.55.
Nada más llegar avisaban que había retraso. Nos acercamos a los mostradores a preguntar, y nos dijeron que no funcionaban las cintas de los equipajes. En una hora volverían a dar noticias por megafonía. Nos dieron un bono de 1.500 yenes (12€) por cabeza para cenar en el aeropuerto.
Dejamos las maletas allí y nos fuimos en busca de un sitio para cenar.
El aeropuerto de Haneda está inspirado en el periodo Edo y la verdad es que está muy chulo. Decidimos cenar en un sitio de sushi de cinta que estaba exquisito.
Por fin, dos horas después de lo previsto, despegábamos rumbo a París y con esto nos despedíamos de tierras niponas hasta la próxima. Volveremos (esperemos que en 20212022 2024).
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Tomamos el shinkansen de vuelta a Kioto de las 9.08 de la mañana.
A las 9.45 llegamos y nos vamos directamente al hotel a ver si podíamos dejar las cosas. El elegido fue el Orient Gojozaka, en el que nos alojamos una semana en 2016.
Está muy bien de precio y es un pequeño apartamento con cocina, pc de sobremesa en la habitación con conexión a internet. Lo más importante es que tiene lavadora y secadora.
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El Templo Kodai-ji (高台寺)está situado en Higashiyama junto al templo Ryozen Kannon. Es uno de los templos imprescindibles de Kioto.
Fue fundado en 1605 por Kita-no-Mandokoro como recuerdo de su marido, Toyotomi Hideyoshi.
Templo Kodai-ji (高台寺)
A pesar del calor, se hace un paseo muy agradable por sus jardines visitando los numerosos pabellones del templo y su pequeño bosque de bambú.
Nada más salir del templo nos encontramos con el museo Kodai-ji Sho (高台寺掌美術館), un pequeño museo con artículos y pinturas antiguas.
Es muy curioso y con aire acondicionado.
A la salida nos fuimos dando un paseo por el barrio hasta llegar a una parada de bus donde tomamos uno hasta el Santuario Heian (平安神宮).
Este santuario es otro de los imprescindibles de Kioto, sobre todo por el conocidísimo y gigantesco Torii de entrada.
Gran Torii del Santuario Heian (平安神宮).
El santuario sintoísta se construyó en el año 1895 para conmemorar el 1.100 aniversario de la ciudad de Heiankyō. Para honrar al emperador Kammu como kami o dios de la ciudad.
Había una parte en obras pero se podía contemplar la mayor parte (de sombra en sombra).
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Después del caluroso paseo nos fuimos directos a comer al restaurante Ramen Miyako, que, como su nombre indica, es un restaurante de ramen.
Lo descubrimos en 2016 por casualidad y es posiblemente el mejor ramen que he probado, así que no dudamos en volver.
Es posible que haya que hacer cola pero merece la pena.
A la salida cayeron un par de kakigori, helados de hielo tradicionales en la heladería Cha-Cha muy cerca del hotel.
Después del refrescante descanso, nos subimos a la línea JR San-in desde la estación de Kioto hasta la estación Sagano-Arashiyama.
Queríamos ver el parque de monos de Arashiyama que en 2016 tuvimos que descartarlo por falta de tiempo.
La mala suerte se ceba con nosotros y cierra a las 16.30 y faltaba apenas media hora, así que lo tenemos que dejar para un futuro viaje.
Nos dedicamos a pasear por la zona contemplando el puente Togetsu-Kyo (渡月橋). Construido en el periodo Jowa (834-848) es el puente más famoso de Arashiyama, que cruza el río Katsura.
Desde él se puede contemplar perfectamente el cambio de estaciones durante el año, desde el momiji hasta los cerezos en flor.
Puente Togetsu-Kyo (渡月橋)
Continuamos el agradable paseo por la zona hasta acabar en el Templo Tenryu-ji (天龍寺), uno de los imprescindibles de Kioto.
Construido en 1339 es uno de los 5 Rinzai más importantes de Kioto.
Está junto al bosque de bambú de Arashiyama y es perfecto para combinar ambas visitas.
Nosotros llegamos fuera de hora y los pabellones estaban cerrados pero el acceso al recinto del templo estaba abierto.
El recinto es una maravilla y tiene unas vistas de las montañas espectaculares.
Templo Tenryu-ji (天龍寺).
Después de la visita tomamos el tren de vuelta. Subimos a la azotea de la estación de Kioto que tiene unas vistas realmente espectaculares.
Torre de Kioto
Ya empezaba a ser hora de cenar así que tomamos un bus hacia Pontocho.
Allí comimos unos fideos en un sitio que descubrimos en 2016. Un sitio que, a pesar de estar en pleno meollo turístico, es muy barato y bastante cutrillo. Lo descubrimos porque sólo habían trabajadores comiendo dentro.
No sabría decir el nombre ya que el cartel está en japonés y no está en google maps.
En maps lo pueden localizar porque está junto a un bar llamado “moon walk Shijo Kiyamachi”.
Aquí dejo una foto de la entrada del restaurante.
El sitio es muy pequeñito, apenas caben 7 u 8 personas pero merece la pena esperar un poco porque están exquisitos.
Después de llenar el estómago dimos un paseillo por Pontocho y Gion y aprovechamos para ver el Santuario Yasaka por la noche que es espectacular.
De allí al alojamiento dando un paseo para acostarse temprano que al día siguiente había que madrugar y nos esperaba un día duro.
Santuario Yasaka.
Por el camino descubrimos un supermercado grande llamado Fresco. Era muy barato y abre 24 horas.
Como era muy tarde tenía ya muchos productos con descuento.
Aprovechamos para comprar el desayuno para día siguiente, varios dulces que estaban muy rebajados porque caducaban al día siguiente.
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20 de Julio
Hoy toca senderismo. Hacemos la ruta que une los pueblos de Kibune con Kurama, en las montañas del norte de Kioto.
Nos levantamos bien temprano y nos fuimos hasta la estación Kiyomizu-Gojō, que es la que más cerca nos quedaba del alojamiento.
Allí tomamos la línea privada Keihan Main Line hasta la estación Demachiyanagi. Allí hicimos transbordo a la línea Eizan Main Line (también privada) hasta la estación Kibuneguchi.
En total unos 45 min de trayecto y 700 yenes (5.63€).
Como buenos guiris, nos equivocamos de precio. Nada más bajarnos en la estación, un empleado de la compañía nos pidió el billete y nos mandó a otro señor a pagar la diferencia.
Como era básicamente un apeadero, no había máquina de ajuste de precio como en otras estaciones.
Desde la estación fuimos dando un paseo (se puede llegar en bus) hasta el Santuario de Kifune-jinja (貴船神社).
Son unos 2 km pero el paseo por el bosque es muy agradable. A esa hora no hacía (aún) demasiado calor. Aunque no daba demasiado buen rollo ver por el camino carteles de cuidado con los osos.
El Santuario de Kifune-jinja (貴船神社), fundado en el año 1.055 y está consagrado a Takaokami no Kami, dios del agua.
En verano, en los alrededores del templo a lo largo del río se instalan numerosos restaurantes en su orilla. Nosotros no pudimos aprovecharlos porque era demasiado temprano para comer.
El templo está enclavado en un entrono boscoso realmente espectacular y es recomendable 100% visitarlo. La entrada es gratuita.
Allí compramos unos omikuji o papeles de la fortuna que se hacían visibles con el agua.
Había que poner el papel sobre el agua del arroyo que pasaba por el templo y aparecía el mensaje en japonés. Pero, muy modernos ellos, tenía un código QR en el que te ponía la traducción en inglés.
Santuario de Kifune-jinja (貴船神社).
Después de visitar el santuario, nos pusimos de camino hacia Kurama.
Para hacer la ruta tenemos que ir hasta el puente rojo y al cruzarlo nos encontramos con la puerta de entrada Nishi no mon (西の門). Allí donde hay que pagar 300 yenes (2.41€) para poder entrar en la ruta.
Desde allí comienza una buena tanda de escaleras por medio del frondoso bosque. Se hace dura con el calor y la humedad pero es espectacular.
Después de un buen rato subiendo escaleras, llegamos a un rellano donde se encuentra el templo Oku-no-in Mao-den (奥の院魔王殿).
Allí hay unos bancos donde nos sentamos a descansar un poco.
Estando sentados saqué un pequeño ventilador que se conecta al móvil. En el banco de al lado habían dos señores (bastante mayores) que se empezaron a reír de mí.
Sólo se me ocurre decirles en castellano: “ustedes lo que tienen es envidia”. Yo creo que imaginaron lo que les dije porque empezamos los cuatro a reírnos a carcajada limpia.
Templo Oku-no-in Mao-den (奥の院魔王殿).
Seguimos subiendo un poco más y llegamos al pequeño templo Sōjō-ga-dani Fudō-dō (僧正ガ谷不動堂). Está dedicado a Fudo, uno de los dioses budistas de la luz.
Allí descansamos otro poquito para seguir subiendo un poco más.
Pasamos por el famoso paseo de las raíces de cedros Kinone-michi (木の根道) y empezamos la bajada.
Pasamos por el templo Jizo-do (地蔵堂), con unas preciosas vistas, y la fuente de agua natural Ushiwakamaru no chikaramizu (牛若丸の力水) que estaba fresquísima.
¡Ah! Y dejando atrás algunas advertencias de cuidado con los oso, serpientes y avispones gigantes.
Kinone-michi (木の根道).
Bajando un poco más, llegamos al templo Templo de Kurama-dera (鞍馬寺), la principal visita de la ruta.
El templo lo fundó uno de los discípulos del monje chino Ganjin. Durante el periodo Heian fue un templo muy popular.
Perteneció al budismo Tendai durante mucho tiempo, pero en 1949 se estableció como templo independiente de la escuela budista Kurama.
La visita hay que tomársela con tiempo porque el templo es precioso y tiene unas vistas espectaculares de las montañas de alrededor. Desde su mirador puedes observar el mar boscoso que rodea el templo.
Allí hicimos un buen alto en el camino. Compramos unas galletas y unos refrescos y descansamos aprovechando el remanso de paz que era el complejo (por lo menos ese día).
Templo de Kurama-dera (鞍馬寺).
Vistas desde el templo.
Seguimos bajando tranquilamente hacia Kurama aunque ya un poco más ligero. Ya eran casi las 4 de la tarde y empezaba a quejarse el estómago.
Llegamos a Kurama y nos encontramos un gran problema. Los pocos sitios para comer estaban cerrados y ni combinis ni nada.
¿Y ahora qué?. Pues a aguantarse hasta llegar a Kioto, porque antes tocaba un baño en el onsen al aire libre de Kurama.
Kurama Tengu
Para llegar al onsen se puede ir andando unos 15 minutos. O también tomar un shuttle bus gratuito desde el parking de la estación de tren. Este pasa cada 10 minutos.
Elegimos la segunda opción ya que con el calor y el estómago vacío se complicaba la cosa.
En el Onsen se pude usar el baño entero por 2.500 yenes (20.11€) o solo el baño exterior (rotenburo) por 1.000 yenes (8€).
Si te alojas en el ryokan, la entrada es gratuita. Nosotros elegimos el rotenburo.
Antes de entrar hay una cabina en la que pagas los 1.000 yenes (8€).
Allí mismo puedes tomar unas toallas así que no hace falta cargarlas desde casa. Las toallas pequeñas de cara son 300 yenes (2.41€) y te las puedes quedar. Las grandes son 400 yenes (3.20€) y esas son alquiladas. Tienes que devolverlas.
Los baños son espectaculares. Con unas vistas impresionantes del bosque que lo rodea.
En invierno con la nieve tiene que ser una auténtica pasada.
La única “pega” es que es muy turístico y habían demasiados turistas occidentales (como nosotros jejeje).
Entrada al rotenburo.
Como hora y media después decidimos bajar de nuevo a Kioto para cenar temprano. Aún estábamos sin comer.
Una duchita y un paseo por la calle Shijo-dori y por sus shotengai. La cena a base de anguila asada en un Sukiya.
Prontito a la cama que había que volver a madrugar.
21 de Julio
Hoy tocaba un destino que ya visitamos en 2016 pero que nos faltaron cosas por ver. Es tan impresionante que había que volver: Miyajima.
Se trata de una isla que está al sur de Hiroshima en el mar interior de Seto. Conocida por su impresionante Torii flotante del santuario de Itsukushima.
Si tienes poco tiempo para visitar la isla y no quieres dormir allí, siempre puedes contratar una excursión guiada desde Hiroshima:
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Madrugamos mucho y tomamos en shinkansen de las 8 de la mañana.
A las 9.56 llegamos a Hiroshima e hicimos transbordo a la línea Sanyo (por Iwakuni) que salía a las 10.15. Llegaba a la estación de Miyajimaguchi a las 10.43.
Pasamos por un combini de camino al ferry y nos subimos en el ferry de JR (incluído en el JR Pass) de las 10.55.
A ciertas horas del día, el recorrido de ida del ferry lo alargan un poco y pasa junto al gran Torii para poder admirarlo y fotografiarlo.
Según nos bajamos del ferry nos fuimos directamente al ryokan en el que íbamos a dormir esa noche.
El elegido fue el hotel Sakuraya, muy cerquita de la estación de ferry. Muy cómodo y con un onsen muy sencillo pero que, como todos, es un gustazo.
Dejamos las cosas y salimos disparados hacia el templo Daishō-in (大聖院).
Uno de los templos más importantes de la secta budista Shingon.
El recinto del templo es muy grande y con muchas escaleras pero se pasea muy bien bajo la sombra de los árboles visitando los diferentes edificios.
Diría que es una visita imperdible en Miyajima.
Templo Daishō-in (大聖院).
Después de visitar el templo, tocaba la visita principal por la cual habíamos vuelto a Miyajima dos años después: subir al monte Misen.
Nos fuimos en camino del teleférico pero. En vez de hacerlo por el pueblo, nos fuimos por la parque Momijidani disfrutando del paisaje.
El precio del teleférico es de 1.000 yenes (8€) la ida y 1.800 yenes (14.40€) ida y vuelta.
Ya por el camino preveíamos que la excursión iba a ser sorprendente.
Nos subimos primero en un teleférico pequeñito de cuatro plazas en la que íbamos solo los dos. Las vistas desde este primer teleférico eran una auténtica maravilla, a través del frondoso bosque de la isla.
Vistas desde el telecabina.
A mitad de camino hicimos transbordo a un telecabina. Era más grande y en él íbamos al menos 10 personas. Se divisaba parte del mar interior de Seto y ye iban dando información en japonés por un altavoz. Una auténtica pasada.
El telecabina nos deja en un centro de información en el que hay máquinas de bebidas (como no) y un restaurante (nada caro) con unas vistas increíbles.
Fuera del centro, hay varios miradores para admirar las vistas del mar de Seto muy chulas.
A partir de aquí, comenzamos la subida a pie hacia la cima del monte Misen.
El camino es un sendero casi todo de escalones bastante irregulares pero relativamente sencillo y muy bonito.
En google dice que se tarda alrededor de 20 minutos pero, no se si por el calor, tardamos alrededor de una hora.
De camino pasamos por el salón Misen Hondo. En él se alojo Kobo Daishi, fundador de la secta budista Shingon, durante 100 días para meditar.
Salón Misen Hondo.
Durante esos días, mediante una ceremonia asceta, encendió un fuego quemando «goma-gi». Esa llama sigue viva en estos días 1.200 años después en el salón Reikado. Con esa misma llama se prendió la llama de la paz de Hiroshima.
El salón también es conocido como el santuario de los enamorados por la llama eterna que simboliza el amor eterno.
Después de un pequeño descanso a la sombra y una botella de agua fría, seguimos subiendo hacia la cima pasando por el salón Sankido. Dedicado a tres ogros con la sabirudía, la fortuna y el exorcismo; pero también a la seguridad en el hogar y a la prosperidad de los negocios.
De camino pasamos por los salones Kannondo y Monjudo. El primero para favorecer el parto fácil y el segundo para tener éxito en los estudios.
Un poco más arriba pasamos por la roca Fudo-iwa. En ella hay una estatua de Fudo Myoo, protector de la secta budista Shingon. También por la roca Kuguri-iwa, que forma un arco por el que hay que pasar para seguir el camino.
Un poco más arriba llegamos, por fin, a la cima del monte. Allí hay un mirador desde el cual hay unas vistas en 360º realmente espectaculares. Se contempla el mar interior de seto, la costa de Honsu e incluso la ciudad de Hiroshima. Además, en el mirador hay baños, wifi y un pequeño mostrador de información. Realmente mereció la pena subir.
Descansamos un rato en el mirador a la sombrita y nos dispusimos a bajar. Para ello decidimos hacer todo el recorrido andando. A pesar de ser bajada, se hace bastante duro, ya que son unos 3 kilómetros en los que casi todo el tiempo es bajando escaleras. Acabamos con las rodillas reventadas. Pero el sendero es una maravilla, te vas encontrando con algún templo y con algunos rinconcitos encantadores con algún banco para que descanses admirando las vistas.
Nioumon.
Durante todo el sendero, como en otras rutas senderistas que habíamos hecho en Japón, habían colgados carteles de advertencia de que habían serpientes venenosas, víboras Mamushi mortalmente venenosas. Fotito de rigor y a caminar. Todo son risas y alegrías hasta que te cruzas con una y te cagas y, en vez de quedarte quieto y esperar a que pase como te indican, das un salto y sales corriendo.
Con el susto en el cuerpo sigues bajando. Cuando empiezas a tranquilizarte un rato después ¡PAM! Otra. En esta ocasión, ya mentalizados, si nos quedamos quietos a esperar que se fuera. Así que como consejo, hacer caso e ir con cuidado.
Aproximadamente después de una hora y media llegamos al pueblo. Eran ya casi las 4 de la tarde y aún no habíamos comido. Fue complicado encontrar un sitio abierto para comer a esa hora pero después de intentarlo en varios restaurantes, por fin conseguimos comernos un katsudon y un pollo tonkatsu.
Después de comer hicimos el checkin en el ryokan y nos dimos un primer baño relajante en el onsen. Muy tranquilo ya que a esa hora estaba vacío.
Después del baño nos fuimos a dar un paseillo y a ver el atardecer con el gran Torii. Esta vez coincidimos con marea alta, a diferencia de cuando estuvimos en 2016.
Es un atardecer realmente espectacular. Se dice que es uno de los más bonitos del mundo y, de momento, es el más bonito que he visto yo.
Después de anochecer, tomamos el ferry para comprar algo de cena en un combini junto a la estación y sobre la marcha nos volvimos.
Cenamos tranquilamente y nos fuimos a dar un paseo nocturno. Por la noche se respira en el pueblo una tranquilidad absoluta. Sin coches y solo con algún turista que hacía noche en la isla como nosotros. Que pena que se acabara la noche porque fue un paseo mágico, pero había que madrugar. Después del paseo nocturno un último baño en el onsen del ryokan, y a descansar.
Onsen del ryokan.
Puedes encontrar algunas actividades que hacer en Miyajima en el siguiente enlace:
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22 de Julio
Tocaba madrugar de nuevo. Tomamos el ferry de las 8.40 y a las 9.09 la linea JR Sanyo hacia Hiroshima. Allí hicimos transbordo al shinkansen de las 9.54. Iba a reventar y nos tuvimos que sentar separados en vagones diferentes, pero como el destino era Okayama a 40 minutos, tampoco había mucho problema.
A las 10.34 llegamos a Okayama. Dejamos las maletas en una consigna en la estación que nos costó 700 yenes (5.60€) y nos subimos al tranvía hacia el cuervo, el castillo negro de Okayama (岡山城). Luego descubrimos que podríamos habernos ahorrado unos yenes y haber ido andando ya que estaba muy cerca.
Nos bajamos del tranvía y fuimos dando un paseo agradable por la ribera del río Asahi hasta el complejo del castillo.
El castillo de Okayama, llamado el cuervo por el color negro del edificio, fue construido en 1597 por orden de Toyotomi Hideyoshi. Con el paso de los años se fue deteriorando y cayéndose algunas de sus 35 torres debido a la falta de mantenimiento.
Durante los bombardeos de la segunda guerra mundial ardió casi todo lo que quedaba en pie. Del edificio original solo quedan los cimientos, partes de la muralla y la torre de observación de la luna. La torre principal que hoy se visita se reconstruyó en 1966.
Castillo negro de Okayama (岡山城).
Después de visitar el castillo, nos volvimos (esta vez andando) hasta la estación de tren. Nos subimos en el shinkansen de las 12.35. Llegamos a shin-Osaka 49 minutos después y nos fuimos directamente al hotel. Nos costó encontrarlo ya que en booking venía la dirección equivocada y sin datos en el movil… Después de como media hora dando vueltas dimos con el. Se trata del APA Hotel Higashi Umeda Minami Morimachi Ekimae. Recién inaugurado y, además, con desayuno incluido. Como casi todos los hoteles en que hemos dormido en Japón en los dos viajes, habitación pequeñita pero muy limpia y hasta elegante.
Dejamos las cosas y descansamos un poco mientras buscaba por internet un sitio para comer. El elegido fue un pequeño restaurante de okonomiyaki llamado Yukari tensan en un shotengai cercano al hotel. Nada más entrar, hay que descalzarse y dejar los zapatos en la entrada. El okonomiyaki estaba realmente espectacular, fue todo un descubrimiento. La comida nos costó 2.420 yenes (19.38€) dos okonomiyakis y un cervezote.
Después de comer nos fuimos paseando por el shotengai hacia el santuario Santuario de Osaka Tenman-gu (大阪天満宮). Un famoso (y turístico) santuario sintoísta dedicado a Sugawara Michizane construido en 1845. Coincidimos con el festival Tenjin, uno de los más famosos de Japón que se celebra desde finales de junio hasta el 25 de julio. De echo, pudimos ver una pequeña “procesión” femenina llevando un pequeño trono por el shotengai al día siguiente.
Santuario de Osaka Tenman-gu (大阪天満宮).
Dimos un pequeño paseo por el santuario y nos subimos al metro hasta la estación Ebisuchō para dar un paseo nocturno por el barrio de Shinsekai (新世界) . Barrio de ocio por excelencia de Osaka, con la torre Tsutenkaku (通天閣) por bandera, con sus 103 metros es uno de los símbolos de la ciudad.
La torre Tsutenkaku (通天閣), se levantó en 1912 como parte de un parque de atracciones. En 1943 un grave incendio la dejó muy dañada y fue desmantelada y reconstruida en 1956 por la empresa Hitachi.
Torre Tsutenkaku (通天閣).
Después de la segunda guerra mundial Shinsekai se fue degradando hasta convertirse en la zona más peligrosa y pobre de todo Japón. Parece ser que aún sigue considerándose peligroso pero a nosotros no nos lo pareció, por lo menos la zona de la torre y de los restaurantes. Es muy curioso pasear por sus animadas calles llenas de restaurantes con las impresionantes fachadas ornamentadas para llamar la atención de los paseantes.
Después de un agobiante paseo entre tantísima gente, decidimos irnos a la zona de Dotonbori a dar un paseo nocturno por la zona y cenar en un restaurante que teníamos fichado por internet.
Cenamos en un pequeño restaurante teppanyaki que sirve carne de Kobe. Se llama Wanomiya y no puedo decir precio ya que fue un regalo de cumpleaños que me hicieron. Cogimos dos menús y la carne estaba para llorar. Que cosa más deliciosa. El cocinero nos iba dando consejos de como comerla, estaba espectacular hasta la verdura. Habrá que volver.
Después de la cena dimos otro pequeño paseo por Dotonbori y nos volvimos a dormir.
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23 de Julio
Hoy toca excursión. Nos levantamos muy temprano y como teníamos el desayuno incluido en el hotel, dimos buena cuenta del buffet y salimos para la estación.
A las 8.25 nos subimos en el tren dirección Shin-Osaka y allí hicimos transbordo al shinkansen de las 8.39 hacia Himeji, donde llegamos a las 9.15 de la mañana. En la estación había una pequeña exposición sobre el Nada No Kenka Matsuri (que se celebra en octubre). En el se pueden observar alguna fotografías y uno de los tronos que sacan durante el festival.
Salimos de la estación y recorrimos la avenida que lleva al Castillo de Himeji (姫路城). Es un pequeño paseo de 1 km. y se puede hacer tranquilamente andando.
El Castillo de Himeji (姫路城), fue el primer lugar de todo Japón en ser inscrito como patrimonio de la humanidad. Es uno de los 12 castillos originales que se conservan en Japón y es uno de los más espectaculares del país. Merece la pena dedicarle una mañana a recorrerlo.
Después de echar la mañana visitando el castillo de Himeji nos volvimos a Osaka para tomar el tren a Kii-Katsuura.
Ese día el calor se nos hizo realmente insoportable, esperando el tren a Kii-Katsuura estabamos al borde del colapso, en el anden un calor infernal y el el hall de la estación no había aire acondicionado.
Más tarde, cuando enganchamos wifi nos empezaron a llegar whatsapp desde España que si estábamos bien, que habían visto que estábamos en Japón en plena ola de calor y que ese día en concreto, se habían registrado las temperaturas más altas de la historia de Japón, y fue en Osaka además.
De verdad que era un infierno. Para colmo, el tren que tenía que salir a las 17.23 llegaba con casi media hora de retraso.
Por fin llegaba el tren y, que cosas, ¡Era un oso panda!. El tren iba casi vacío y con aire acondicionado. Nada más subirnos y antes de sentarnos, a cambiarnos de ropa y a asearnos un poco para viajar lo más cómodo posible.
Teníamos 4 horas de descanso al fresquito hasta nuestro destino. Aunque algo nos preocupamos cuando vimos en el bolsillo del asiento las instrucciones de que hacer en caso de tsunami. Eso sí, explicado por un oso panda.
Sobre las 21.30 llegamos a Kii-Katsuura. Se trata de un pequeño pueblo costero, que es la meca del atún en Japón y, además, es una de las puertas de entrada a la ruta Kumano Kodo, la ruta más importante de peregrinación de Japón. Aunque realmente el Kumano Kodo es un entramado de caminos a través de Japón de unos 1.200 km.
Nada más salir de la pequeña estación nos dirigimos al hotel. Es el hotel Charmant, un pequeño hotel independiente regentado por una señora bastante mayor que era realmente encantadora.
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A pesar de sólo hablar japonés, consiguió explicarnos todo lo imprescindible sobre la ruta Kumano Kodo. Donde coger el bus y la línea, donde bajarnos, que visitar, donde coger el bus de vuelta… Además nos recomendó donde comer al día siguiente.
En la nevera te deja unos zumos y agua de forma gratuita y unos dulces. Además, por la tarde te invita a una sopa de judías dulce muy típica de la zona.
Dejamos las cosas en la habitación y nos fuimos camino de un familymart cercano para comprar algo de cena, ya que en el pueblo a esa hora ya estaba todo cerrado. La verdad es que parecía un pueblo fantasma y no eran las 10 de la noche.
A la vuelta cena y a dormir que iba ser un día duro.
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